Las mañanas duelen

Las mañanas duelen

Las mañanas duelen. Sí, duelen porque no sabemos muy bien para qué soportamos (alejados de nuestras camas calentitas) el frío mañanero. Nos cuesta levantarnos como nos cuesta pensar y actuar, preferimos lo conocido y arriesgarse a lo nuevo nos da pereza.

¡Qué calentitos estamos en nuestra zona de confort!

 

Golpeando el despertador.

Pero siempre suena el despertador para avisarnos de que lo bueno se acabó y que debemos movernos. Entonces comienza lo duro, buscar respuestas a las múltiples preguntas que genera nuestro instinto de supervivencia. Nuestro triste cerebro sólo busca mantenernos con vida; no hacernos felices. ¿Me levanto o me quedo cinco minutos más? ¿Llamo y digo que estoy enfermo? ¿Para qué me voy a levantar? Y seguimos y seguimos haciéndonos preguntas con la única finalidad de quedarnos en donde estamos. ¿Te suena?

Esta metáfora de la cama compitiendo con las frías mañanas no intenta otra cosa que mostrarte que se debe salir, de donde estemos calentitos, en el momento que recibimos un aviso. Nuestro cuerpo, una emoción, una intuición, la vida… nos da un toque de atención siempre que lo necesitamos. Cambiar es inevitable y si no lo haces por propia voluntad algo te obligará, te lo digo por propia experiencia. Así que adelántate y camina no esperes a que te ocurra algo, en ocasiones desagradable, para tomar una decisión. Levántate de esa cama donde dormitas y comienza a vivir el nuevo día. Decide lo que quieres y vete a por ello. Hazlo siempre con la cabeza levantada, disfrutando del proceso y sin apegarte al resultado. Tanto si lo que consigues son pequeñeces o grandes logros, sea lo que sea, no te creas más o menos que nadie. Todo eso no deja de ser un resultado a una acción que puede cambiar en cuanto parpadees. Experimenta la vida con toda la fuerza que puedas. No tengas miedo a llorar, disfrutar, jugar, cantar, emocionarte, amar, enfadarte, perdonar, reír, sé real, sé tú…

 

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Al final de este post podrás ver un video que Bazz Luhrmann creó a partir de una columna de María Schmidt, publicada en 1997 en el Chicago Tribune. En ella aconseja aprovechar la vida y la juventud lo máximo posible. Pero no te quedes con lo de juventud, no importa la edad, da lo mismo tener 20 que 80 años, si no sales de tu cama calentita por miedo a la nieve, dará lo mismo la edad que tengas porque nunca disfrutarás de un muñeco con nariz de zanahoria.

¡Haz algo nuevo cada día y cada día será nuevo!

 

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