Hacer teatro es una mierda

Hacer teatro es una mierda

En el escaparate de tu vida sólo mostrarás la triste escenografía del engaño, es bajo la piel donde duerme tu verdad.

Siempre que conozco a alguien y me pregunta a qué me dedico me dan ganas de contestar; a vivir. Aún así me contengo y le digo que al teatro. Es en ese momento, se puede ver en la expresión de su rostro, donde surgen los conflictos internos de la otra persona. Sus emociones más salvajes, sus deseos escondidos y sus sueños perdidos salen a la luz y se enfrentan a una pelea callejera en su interior, navajas y machetes incluidos.

¡No puede ser!, deben pensar, ¿cómo este tipejo puede vivir del teatro? (nota del autor: En realidad lo de vivir del teatro es un eufemismo, se ajusta mejor lo de “malvivir”, “sobrevivir” o el famoso “ir tirando” pero, por favor, no perdamos nunca el glamour).

A muchas personas les apetece hablar conmigo porque creen que tengo algo que ellos anhelan y no saben por dónde empezar a buscar, el valor de mil guerreros vikingos. Pretenden que les transmita, en una sencilla conversación, algo de ese valor que se supone tenemos los que nos subimos a un escenario (si supieran la verdad). Yo tengo de vikingo, y sobre todo de su valentía, lo que un grillo a un satélite espacial, el color de los ojos, es decir, nada.

Aún así te observan como cordero a punto de ser degollado. Suplican con la humedad de sus ojos que les ayudes. Esas personas necesitan, incluso suplican con su interés, que las saques de sus raciocinios inútiles y cansinos, de sus análisis estructurales y organizativos de su día a día anodino, de querer y no poder con el paso de las horas diurnas y el no dormir durante las nocturnas, de sus malhumoradas mañanas y sobre todo de sus asexuadas y apáticas noches, de sus relaciones llenas de silencios y desgana, en definitiva, de sus vidas…

Casi siempre les digo lo mismo:

¿Y qué quieres que te diga? Haz teatro y déjame en paz. Además, en septiembre empiezan las clases… no tienes excusa.

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