Bollería industrial teatralizada…

Bollería industrial teatralizada…

Dejaré sitio en mi cama para que puedas irte.

El público tiene hambre. No importa el espectáculo o la propuesta artística; cine, teatro, pintura, recitales de poesía, conciertos, danza… Necesita, de una forma irracional; sentir. Y para eso sólo hay que alimentar su imaginación. De su digestión emocional ya se encargará la amígdala alojada en su cerebro.

 

Dale de comer poco a poco. No lo satures con información irrelevante. Deja espacios vacíos para que rellene con sus recuerdos. Muestra y oculta a partes iguales. Si consigues hacer y no hacer al mismo tiempo, la química cerebral le obligará a emocionarse aunque no quiera.

 

Las notas musicales se sustentan en el aire gracias a los silencios. El té no se derrama porque descansa en el vacío generado en el interior de una taza. Nuestras emociones penden de un recuerdo evocado en la “nada” de un escenario.

 

 

Por favor, no nos empaches con “bollería industrial”.

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